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Más allá del crecimiento: liderar con propósito en un mundo en transformación

Maria Helena Antolin, Vicepresidenta de CEOE

Desde mi responsabilidad en la vicepresidencia de la CEOE y mi participación en la junta directiva de Business at OECD, he podido observar que las empresas ya no se enfrentan a un simple cambio de ciclo, sino a una transformación profunda en su forma de existir. 

El futuro no es un objetivo lejano, sino una realidad que nos exige actuar ahora, desplazando el enfoque desde el crecimiento rápido hacia una capacidad de resistencia mucho más sólida y humana. Esta adaptación comienza por entender que las personas no son recursos que se consumen, sino el verdadero motor de la innovación. Por ello, las organizaciones deben transformarse en centros de formación continua, donde el aprendizaje constante no sea un extra, sino una estrategia básica para que el talento no quede desfasado ante el avance tecnológico. Un equipo que no evoluciona es una empresa que se estanca, y cuidar el bienestar y la motivación de las personas es hoy la mejor inversión posible.

 

En el ámbito de la sostenibilidad, debemos superar la etapa de los mensajes vacíos para integrar el respeto al entorno en el ADN de cada decisión. En los foros internacionales es evidente que la sostenibilidad se ha convertido en una condición indispensable para competir; ya no se trata de parecer responsables, sino de serlo realmente, asumiendo que nuestro impacto ambiental y social determina nuestra viabilidad a largo plazo. Del mismo modo, la digitalización y la inteligencia artificial no deben verse como simples herramientas para reducir gastos, sino como aliados que deben utilizarse con un propósito ético. El reto actual es liderar una tecnología que potencie las capacidades humanas en lugar de sustituirlas, asegurando que el progreso digital sea inclusivo y genere confianza en la sociedad.

 

Por último, el papel de la empresa debe evolucionar hacia un compromiso mucho más activo con su comunidad. No podemos ser entidades aisladas que solo miran sus resultados financieros, sino que debemos actuar como piezas clave del bienestar común. Esto requiere una colaboración estrecha con el sector público para abordar retos que nos afectan a todos, desde la transición ecológica hasta la creación de empleo de calidad. La verdadera competitividad en el siglo XXI ya no se mide únicamente por el beneficio económico inmediato, sino por la capacidad de crear valor para todos los que nos rodean. En definitiva, el cambio que las empresas deberían de estar liderando es el paso de una gestión basada solo en los números a una visión basada en el propósito, entendiendo que el éxito de un negocio es inseparable del progreso de la sociedad en la que opera.

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