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Ser buena persona también es una estrategia

Manuel Soriano, CEO & Founding Partner en W Executive

En un momento donde se habla tanto de disrupción, velocidad y transformación, a veces olvidamos lo esencial: las compañías las hacen personas. Y no cualquier persona, sino aquellas que eligen trabajar con ética, generosidad y compromiso.

Durante los últimos años, en W Executive hemos aprendido que las buenas personas no solo suman... multiplican. Y que construir desde ahí, desde lo humano, no es ingenuo: es profundamente estratégico.

Liderar con causa, no solo con metas

En las organizaciones que perduran, siempre hay una idea compartida que va más allá de los números: una razón para estar ahí. No hablo de frases bonitas en la pared, sino de convicciones reales.

¿Para qué hacemos lo que hacemos? ¿A quién servimos de verdad? ¿Qué queremos dejar cuando nos vayamos?

Las respuestas a estas preguntas, más que inspiradoras, son operativas. Marcan el rumbo, ayudan a tomar decisiones difíciles y atraen a quienes están alineados con esa forma de ver el mundo. Un equipo con propósito avanza distinto.

La cultura se nota, no se anuncia

He visto muchas compañías donde los valores se repiten como mantras, pero nadie los vive. Y otras donde no hace falta decirlos: se sienten. En cómo se recibe a alguien nuevo, cómo se da feedback o cómo se gestiona un error.

Nosotros creemos que la cultura se crea en las conversaciones diarias. En los pequeños gestos. Y en la coherencia del liderazgo. Si decimos que confiamos, debemos demostrarlo. Si apostamos por la excelencia, debemos exigirla. Pero desde el respeto, nunca desde el miedo.

Cultivar talento, no retenerlo

Hay una diferencia sutil, pero esencial, entre retener talento y cultivarlo. Retener implica miedo a que se vaya. Cultivar, en cambio, es acompañar su crecimiento, sabiendo que quizá un día volará... y eso también está bien.

Nuestra responsabilidad no es atar a nadie, sino crear un entorno donde las personas quieran quedarse porque aprenden, aportan y se sienten parte de algo. Y si un día se van, que lo hagan mejores de lo que llegaron. Ese es el verdadero impacto de una organización saludable.

Confianza: el valor más rentable

Hay un concepto que me marcó profundamente: preferimos personas de confianza antes que simplemente brillantes. Es un aprendizaje que tomé prestado de los Navy SEALs y que aplicamos sin excepción: el talento sin valores no cabe en nuestro equipo.

Confianza no significa ingenuidad, sino elegir rodearse de personas con las que puedes contar, incluso cuando nadie está mirando. Y construir una cultura donde eso se valore y se premie. Porque el talento libre y confiable es el que realmente impulsa una compañía.

Excelencia con alma

A veces confundimos excelencia con perfección. Para mí, la excelencia es una forma de estar: cuidar los detalles, respetar los tiempos, escuchar con intención, aprender con humildad. No es hacerlo todo bien, es hacerlo mejor cada día, y hacerlo con sentido.

Al final, uno no recuerda tanto los logros, sino con quién los vivió. Por eso insisto en rodearnos de buenas personas, que quieran crecer y ayudar a crecer. Porque el viaje, si se hace acompañado así, vale mucho más.

Ser buena persona no es solo una elección ética. Es, también, una forma inteligente de construir organizaciones que duren y que dejen huella. Y el mejor talento no se retiene: se cultiva.

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