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Gestionar también es cuidar

José Miñones, Presidente de Mercasa

Cumplir 60 años suele invitar a mirar atrás, pero en el ámbito de la gestión, quizá sea más interesante preguntarse qué se ha aprendido en ese tiempo y qué sigue siendo válido en un mundo que cambia tan deprisa y deja contextos que hoy son radicalmente distintos. El caso de Mercasa, con seis décadas al servicio de la cadena alimentaria en España, es un buen punto de partida para una reflexión más amplia: la de cómo evolucionan las organizaciones que no solo persiguen eficiencia sino sostienen derechos y cohesión social y territorial. 

En 1966, cuando nace Mercasa, el reto era muy distinto al actual: estructurar, ordenar y modernizar un sistema de abastecimiento alimentario que necesitaba eficiencia, fiabilidad y llegar a toda la población en condiciones dignas. Con el tiempo, ese objetivo se ha ido transformando en algo más complejo: hoy no solo basta con garantizar el suministro, sino que hay que hacerlo con criterios de calidad, seguridad, trazabilidad y sostenibilidad. Esa evolución refleja uno de los aprendizajes más relevantes en gestión: los retos cambian de forma, pero las organizaciones que perduran son las que saben reinterpretar su propósito sin perder su esencia y su compromiso con el interés general. 

De hecho, si algo caracteriza a la trayectoria de Mercasa es su papel como infraestructura silenciosa pero esencial. A través de vertebración de la Red de Mercas, la mayor red pública de mercados mayoristas de alimentos frescos del mundo, Mercasa y las 24 unidades alimentarias han conseguido conectar producción, distribución y consumo de forma estable durante décadas, haciendo posible algo tan cotidiano como acceder a alimentos frescos cada día. 

Y ahí aparece otro aprendizaje clave: la excelencia en la gestión no siempre tiene que ver con visibilidad, sino con fiabilidad, continuidad y capacidad de respuesta en momentos de crisis. La pandemia o eventos extremos han demostrado que el verdadero valor se mide cuando el sistema se tensiona. 

Esta perspectiva conecta con el modelo EFQM, que desde hace décadas insiste en que la gestión excelente no se limita a resultados financieros, sino que integra liderazgo, orientación al cliente, procesos robustos, aprendizaje continuo y responsabilidad social. En otras palabras, no basta con hacer bien las cosas hoy; hay que construir organizaciones con estructuras sólidas y que sean capaces de seguir haciéndolo mañana en contextos distintos. 

En ese sentido, el papel del Club Excelencia en Gestión resulta especialmente interesante. Fomentar la idea de comunidad: espacios donde organizaciones distintas comparten experiencias, errores y aprendizajes. Porque otro de los grandes aprendizajes de estas décadas es que la gestión no se perfecciona en solitario, sino en el intercambio, en la escucha y en la voluntad de mejorar colectivamente. Esta lógica encaja con una visión más colaborativa de la economía, donde la competencia no excluye la cooperación cuando se trata de elevar estándares y generar valor social.

Si miramos la evolución de Mercasa, vemos que no se trata solo de una historia de crecimiento o de cifras, sino de adaptación constante. Desde la modernización de mercados mayoristas hasta la incorporación de nuevas soluciones logísticas o la respuesta a cambios en los hábitos de consumo. 

Aquí aparece quizá el aprendizaje más complejo: la capacidad de cambiar sin perder coherencia. Muchas organizaciones saben transformarse, pero pocas lo hacen manteniendo un hilo conductor claro. En el caso de Mercasa, ese hilo permanece: el servicio público y la garantía de abastecimiento en una Red en la que se integran más de 3.100 empresas. Ese propósito actúa como ancla en medio del cambio, algo que el modelo EFQM también subraya al poner el foco en el propósito y en la creación de valor para todos los grupos de interés. 

De cara al futuro, los retos son de otra naturaleza: digitalización, sostenibilidad, resiliencia de las cadenas de suministro, cambios en los hábitos de consumo o incertidumbre geopolítica. Sin embargo, si revisamos los aprendizajes de estas seis décadas, hay una idea que se repite: las herramientas cambian, pero los principios de buena gestión permanecen. Liderazgo coherente, orientación a las personas, gestión basada en datos, alianzas sólidas con las administraciones locales socias en las mercas y público-privadas con las empresas de la Red y mejora continua siguen siendo tan válidos hoy como en décadas anteriores.

Quizá por eso los aniversarios tienen sentido cuando se utilizan como espacios de conversación, no solo de celebración. Mercasa ha planteado este 60 aniversario como un programa de actividades, encuentros y foros para analizar precisamente esos desafíos futuros. Ese enfoque es, en sí mismo, una declaración de intenciones: entender el pasado no como un punto de llegada, sino como una base para seguir evolucionando. 

En definitiva, trayectorias como la de Mercasa nos recuerdan algo que a veces se olvida: gestionar también es cuidar. Cuidar de los sistemas que permiten que la vida cotidiana funcione, cuidar de las personas que los hacen posibles y cuidar del equilibrio entre eficiencia y equidad. Y, sobre todo, entender que la experiencia acumulada solo tiene valor si se comparte y se pone al servicio de construir un futuro más justo y sostenible.

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