La gestión está entrando en una nueva etapa. No por escasez de herramientas o talento, sino porque el contexto ha cambiado más rápido que nuestros marcos de decisión. Muchas organizaciones siguen gestionando con modelos que funcionaron en el pasado reciente, pero que empiezan a mostrar límites ante un entorno de cambios continuos, disrupción tecnológica y mayor presión social.
Desde el Club Excelencia en Gestión, observamos esta evolución de forma directa a través de nuestros eventos, foros, evaluaciones, programas y, de manera muy especial, a través del diálogo continuo con primeros ejecutivos y directivos. Nuestro último informe sobre ocupaciones y preocupaciones de los CEOs confirma una agenda marcada por el talento, la digitalización, la ciberseguridad, la sostenibilidad, la cultura y la reputación. Son señales claras de que la gestión ya no puede limitarse a optimizar y tiene que transformarse con criterio, y sin perder de vista la competitividad.
Durante años, la excelencia operativa ha sido —y sigue siendo— una condición necesaria. Pero hace años que, sin abandonarla, sabemos que no es suficiente. Desde el Club Excelencia en Gestión, insistimos en una idea clave: una buena gestión solo es relevante si proporciona resultados sostenibles (explotación) y mejora la preparación de la organización para el futuro (exploración), es decir, que la capacidad de anticipar, aprender y generar confianza se vuelven decisivas.
Esta transición exige líderes capaces de equilibrar resultados a corto plazo con la construcción de capacidades a largo plazo —lo que denominamos ambidestreza organizativa— y requiere marcos que ayuden a convertir la reflexión en acción. Ahí es donde el Modelo EFQM aporta valor: no solo evalúa el nivel de excelencia alcanzado, sino que ayuda a identificar prioridades estratégicas de transformación, reforzar la anticipación y alinear propósito, estrategia y ejecución para generar resultados sostenibles.
En este escenario, la inteligencia artificial, de la que tanto se habla en los últimos tiempos, ocupa un lugar relevante, pero conviene “ponerla en su sitio”. La IA amplifica capacidades, acelera procesos y democratiza el acceso al conocimiento, pero no sustituye el juicio ni la responsabilidad de las personas. Las organizaciones no vivirán de la IA, sino de la confianza de sus clientes y de la calidad de sus decisiones. La ventaja competitiva seguirá residiendo en la comprensión profunda del cliente, las buenas preguntas y la capacidad de síntesis humana, es decir, en la gestión de las organizaciones. Con IA, sí. Pero no solo IA.
Ante esta complejidad, necesitamos marcos de referencia que ayuden a ordenar prioridades y conversaciones. Para el Club, ese marco es la Gestión 5.0, nuestro lenguaje común para entender y comunicar cómo deben evolucionar las organizaciones. No es un modelo cerrado, sino un marco vivo y dinámico que se revisa para seguir conectado con la realidad.
Hoy, este enfoque se articula en torno a tres grandes palancas:
- Un humanismo que devuelve protagonismo a las personas y a la calidad del liderazgo.
- Una transformación que integra tecnología, datos, IA e innovación sin perder sentido ni coherencia.
- Y un ecosistema colaborativo que entiende que las alianzas, la sostenibilidad, el buen gobierno y el impacto social ya forman parte del núcleo de la gestión.
Estas palancas no compiten entre sí, si no que se refuerzan. Las organizaciones que avanzan son aquellas capaces de conectar tecnología con propósito, resultados con legitimidad social y estrategia con cultura.
La ambición que tenemos desde el Club es clara: demostrar que es posible crecer y liderar, sin perder el alma, porque mejores organizaciones contribuyen a una sociedad mejor. Una idea que refuerza nuestro propósito.
A partir de todo lo anterior, identificamos cinco tendencias de gestión que previsiblemente marcarán 2026:
- La perspectiva de los grupos de interés como criterio de decisión: En entornos complejos, la calidad de las decisiones será más diferencial que la velocidad. Las decisiones más sólidas integran de forma equilibrada impacto en clientes, personas, sociedad y resultados, y refuerzan la confianza y la reputación. Decidir incorporando a los grupos de interés deja de ser un ejercicio de responsabilidad social para convertirse en un criterio de negocio.
- Liderazgo humano en un entorno digital e intensivo en IA: A mayor digitalización e inteligencia artificial, mayor valor adquieren la empatía, el criterio ético y la capacidad de movilizar talento. El reto no es solo adoptar tecnología, sino integrarla sin erosionar cultura, confianza ni responsabilidad. Combinar resultados y sentido será una expectativa creciente.
- Talento y cultura como infraestructura estratégica: La competencia por el talento y su vinculación sitúan a la cultura en el centro de la agenda. La cultura deja de ser percibida definitivamente como un elemento “blando” para convertirse en infraestructura que habilita (o bloquea) la estrategia, la transformación y la sostenibilidad. Donde no hay cultura de aprendizaje y confianza, la transformación no escala.
- Gestión del cambio y del riesgo como capacidades permanentes: La adaptación continua se vuelve estructural. No solo cambio, también gestión de riesgos asociados a digitalización, ciberseguridad y contexto geopolítico. Las organizaciones más maduras integrarán anticipación, resiliencia y aprendizaje continuo en su modelo de gestión. Con agilidad, sin prisas.
- Colaboración, sostenibilidad y reputación en ecosistemas: Ninguna organización transforma sola, ni construye reputación de forma aislada. Las alianzas, cadenas de valor responsables y ecosistemas de colaboración serán clave para innovar, avanzar en sostenibilidad y reforzar legitimidad social. La sostenibilidad pasa de obligación normativa a palanca de posicionamiento.
En última instancia, la Gestión 5.0 no exige líderes más tecnológicos, sino más conscientes del impacto que tiene su gestión. La pregunta de fondo no es qué adoptar primero, sino qué merece permanecer.
Gestionar hoy es decidir qué queremos que siga en pie mañana: qué cultura, qué relaciones de confianza, qué aportación a la sociedad. Esa es la responsabilidad más alta de nuestras organizaciones y, al mismo tiempo, su mayor oportunidad.
Desde el Club Excelencia en Gestión seguiremos acompañando a las organizaciones en este camino, ofreciendo espacios de aprendizaje compartido, marcos de referencia para una gestión excelente y una comunidad participativa. Porque, en un mundo en transformación, la gestión excelente, innovadora y sostenible es una vía real que nos permite contribuir a una sociedad con confianza en el futuro, impulsando mejores organizaciones.