Este informe analiza cómo la gestión de riesgos en el sector bancario debe transformarse ante un entorno caracterizado por volatilidad económica, fragmentación geopolítica y disrupción tecnológica. La función de riesgos evoluciona de un rol meramente defensivo a uno estratégico, liderado por el CRO, con capacidad para anticipar escenarios y guiar la adaptación de modelos de negocio. La digitalización y la regulación —incluyendo riesgos no financieros y ESG— son motores clave de esta transformación.
El documento plantea una hoja de ruta centrada en cuatro ejes críticos: identificación y medición proactiva de riesgos interconectados, monitorización y control integrados, mejora de la calidad de datos e infraestructuras, y adopción de IA para análisis predictivo y automatización. Destaca que la gestión de riesgos debe ser ágil, transversal y basada en datos, con una cultura organizacional orientada a anticipar amenazas y convertir la incertidumbre en oportunidades.